
Más vale que os confiese de la mejor manera
lo que, quién sabe cómo, va a contaros cualquiera:
sabed que soy poeta, hijos míos, -un hombre
que nombra y que camina sin camino y sin nombre.
Yo soy lo que ha dejado el pirata en la playa,
nada en el horizonte, un punto en una raya;
yo soy lo que ha quedado del saqueo en la vida:
la puerta de la casa de la llave perdida.
Soy la hoja quemada que el incendio nos deja
y en la primera brisa danza un poco y se aleja;
soy la amargura anónima de las almas sin dueño
que vivieron de un canto, de un dolor y de un sueño.
Soy el amo del humo que se queda en la casa
diciendo adiós al fuego del batallón que pasa.
Soy el poeta, hijos, -casi nada en la vida:
lo que abrasa en la sed, lo que duele en la herida,
lo que quiere elevarse después de la matanza,
con un ala hacia el suelo y otra hacia la esperanza,
lo que muere en la guerra y expira en los despojos,
y un poco de esa gota que tiembla en vuestros ojos.
Andres Eloy Blanco
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